Diario de un Erasmus

18 septiembre 2006

Por lo menos cierra la maleta

El día amaneció gris así que decidí darme un respiro de papeleo y afrontar una de las tareas que creo que es la más importante a la hora de irse fuera "hacer la maleta".

Lo primero en lo que uno piensa es, ¿Cómo voy a llevar sólo 20 kilos de equipaje?. Ese es el límite que las compañías aereas ponen a los recuerdos que se pueden llevar con uno mismo en forma material.

Así que te pones manos a la obra y empiezas a sacar pantalones, camisas, ropa de abrigo y otras tantas prendas. Miras. remiras y encuentras cosas que no te acordabas que tenías y claro empiezan las dudas. Si esto me queda bien, si lo otro tiene valor sentimental, que si tengo lavadora pa que llevo tanta ropa... En fín, que te desesperas porque la maleta no cierra a la primera ¡y todavía no he metido las toallas!.

Después de jurar en arameo un par de veces, de discutir con tu madre (¿has metido la camisa aquella que es tan calentita?, ¿cómo vas a llevar solo esas camisas?), te apoyas en la tapa de la maleta y con gran esfuerzo consigues cerrarla... para abrirla inmediatamente para meter el neceser.

Pero bueno, ya está todo y te acercas temblando a la báscula para pesar ese objeto que esperas que no se pierdas entre tanta escala como tienes que hacer. Lo subes, esperas cinco segundos... la báscula de error (me cago en...), lo pones correctamente y ¡siiii! 19.5 estoy dentro de lo legal y con un suspiro de alivio vuelvo a posar la maleta en el suelo.

Sin embargo, la paz no es completa porque una pregunta ronda por mi mente: ¿Habré metido los zapatos?.